Así es Diego Gómez, un pequeño gran reportero y comunicador

 

  

La madrugada del martes 13 de septiembre el Peque Reportero, Diego Gómez y su padre William Gómez, tomaron un avión desde Guatemala a Miami con la expectativa de participar en uno de los encuentros cristianos más grandes a nivel internacional, Expolit. A sus 14 años, Diego había sido nominado en la categoría de Mejor comunicador Junior Cristiano de Latinoamérica en la entrega de Premios Águila que otorga la organización. Pese a las trabas económicas para viajar, esa era una oportunidad que el padre de Diego no podía dejar pasar para su hijo. 

 

Diego Gómez con su premio Águila al más joven reportero cristiano. (RAY-MUNDO/Para El Tiempo Latino)

 

 

El Peque Reportero, como lo conocen en su natal Guatemala, es considerado el reportero más joven del mundo. Inició su carrera periodística a los 6 años y es el único niño que ha recibido una visa de periodista por parte de Estados Unidos, con la que viajó a Miami por primera vez en 2012 cuando tenía 10 años y fue entrevistado por Don Francisco, en Sábado Gigante y otros programas de corte periodístico.

 

Su misión es reportar sobre eventos positivos que inspiren a los demás. En febrero de 2015, el Peque visitó la redacción de El Tiempo Latino. “Ustedes fueron el primer medio que me abrió las puertas en Washington”, dijo desde Guatemala.

El mes pasado, tras obtener un préstamo bancario para comprar los boletos de avión, padre e hijo llegaron a Miami con tan sólo $40 en el bolsillo, pero con la seguridad de que “Dios los sorprendería”, dicen.

 

Y así fue, el 18 de septiembre Diego Gómez ganó el Premio Águila como Mejor comunicador Junior Cristiano de Latinoamérica, un galardón que espera le abra las puertas aquí en Estados Unidos.

 

“Nuestro viaje fue difícil”, dijo Diego a El Tiempo Latino desde Guatemala. Los $650 que el banco le prestó al padre sólo alcanzaba para la compra de un pasaje. “Mi papa encontró que hay una tarifa que se llama ‘desnuda’ que le permite a uno viajar solo con su ropa puesta y una pequeña mochila en la espalda para llevarla abajo del asiento en el avión”, relató. “Nos pusimos 2 pares de calcetines, 2 ropas interiores, 2 playeras, 3 camisas, y mi traje formal y mis zapatos del colegio por si yo era el ganador subir al escenario con ropa formal”, añadió.

 

Una amiga productora les dio alojamiento. La iglesia de Virginia donde padre e hijo asistían les envió $210. “Melanie, una amiga de 16 años me compró los zapatos nuevos y la amiga que nos dio el hospedaje me compró el saco que estrené para el premio”, contó.

Para Diego el premio es “una bendición y una muestra de que valoran mi trabajo”, dijo.

Sus compañeros de clase en el Colegio Cristiano Bethel también reconocen su labor.

Al regresar a Guatemala, la Banda Musical de la escuela lo recibió con bombos y platillos; y un gran cartel que decía Bravo Diego. El adolescente intercala su tiempo entre los estudios y los reportajes.

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